Arriba, la pose Organización DF.
Verlos juntos en una parcela del aeropuerto, sentados en el piso, jugando carreras mentales sobre las pantallas de arribos y partidas, y escuchar susurros en un inglés muy venido a latino. Esa fue la primera fotografía que tomé. Llegar a DF un 28 de diciembre fue una promesa cumplida.
Mis amigos y yo nos conocimos hace un par de años en una pequeña universidad llamada Juniata College, en el centro sur de Pennsylvania. Éramos un grupo bastante grande que se fue amoldando a las necesidades del destierro. Se trataba, obviamente, de un exilio voluntario, pero que no dejaba de ser un desarraigo de la tierra natal, un hasta luego de lo que estábamos acostumbrados. Naturalmente, uno disfruta de las bondades de "lo nuevo", pero sólo por un tiempo. Después, viene el período de las comparaciones, de las resignificación y esas cosas que se hacen para no pasar por desadaptado social. Es entonces cuando uno busca lo suyo dentro de lo ajeno; en este caso, la recreación de una familia. Me hice de una bastante particular: tres mexicanos, un gringo, una hondureña, la argentina, una ecuatoriana, el chico japonés y la venezolana -niponizada por voluntad mariachi, asunto que explicaremos en otro post-. Este grupo fue tan sólo una parte de la gran familia que formamos en Juniata y que llegó a Ciudad de México para pasar un Año Nuevo increíble.
Al llegar al aeropuerto me dio la impresión de que el tiempo no había pasado. Todavía hablábamos inglés. Mejor dicho, no le dimos descanso al Spanglish y Tsuyoshi (el cool japanese) tuvo su curso de latinaje intensivo. Nos quedamos en el suelo, esperando a que la última pasajera pusiera un pié en México, y fuimos a amotinarnos en casa de Paco. Los papás de Daniela (livin' la Venezuela loca) estuvieron para recibirnos. Don Jorge y doña Yuri viven en Veracruz desde hace un tiempo y tuvieron la amabilidad de adoptarnos. Cabe mencionar que don Jorge es colombiano y su señora es venezolana. También estuvo Keiko para agasajarnos con sus gracias caninas.
En el aeropuerto, en el parque, en la calle, la gente veía un grupo que se besuqueaba y se abrazaba, que hablaba en inglés pero respondía en español. Definitivamente, unos tipos raros salpicados de acentos. El itinerario era caótico. Todos teníamos un esquema de partidas diferente, pero sin dudas íbamos a conquistar México antes de separarnos. Así que nos organizamos para aprovechar el viaje al máximo. Incluso tomamos un foto de nuestra labor pensante para documentar la intención de organizarnos (ver foto arriba). Pero como todo viaje que se hace "sobre la marcha", hicimos un esquema convencional y terminamos haciendo todo al mismo tiempo. Y hasta llegamos tarde a todos lados. No podíamos llegar al centro del DF sin empezar el día (12pm) con unos chilaquiles de pollo, el juguito de naranja y algo de salsa verde; o al Teotihuacan sin una botella de agua fría y baterías en la cámara. Y los souvenires antes de seguir camino a Veracruz. Y así llegamos a recorrer, bajo la luz de la luna, las curvas poco románticas con destino a Poza Rica. Los viajes no fueron cortos, pero había mucho de qué hablar: amores ganados, perdidos, el porvenir, las bandas cool, y los videos que haríamos con las 3000 fotos que ya habíamos tomado el primer día en México. Y, por supuesto, hablamos del plcer de conocer a Spiderman y Marco Jackson en persona. Pero esa es una historia que necesita de un espacio crítico, y un tratamiento especializado del idioma español.

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